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jueves, 24 de diciembre de 2015

MERETRICES



Melenas doradas,
artificio y remiendo
de ilusiones caducas,
al paso del tiempo.

Caderas ceñidas,
a la cruel esperanza
de agitar corazones
en olvidables danzas

Escotes profundos
en la piel de porcelana
pálida secuencia
al llegar la madrugada.


Aromas dulzones
baratas fragancias
encajes que encajan
en ajenas ansias

El rojo y el negro
faroles del placer
encienden suspiros
habanos y miel.

Senos asomados
a los ojos de la noche
en sedas gastadas
en besos sin reproches.

El tren de la vida
les cobra peaje
a los sueños rotos
escasos de equipaje.

Las medias corridas
el rimmel también
ellas cuentan su fortuna
cuando bajan del andén.




Rita Mercedes Chio

domingo, 6 de diciembre de 2015

A chavela Vargas



Y ahora que ya se ha ido
Dirán las buenas voces
Rara mujer para la época
Donde los dulces poetas
Esgrimen rimas con flores.

Como la primer nota
En la piel de una guitarra
Queja honda que se palpa
Dolor, sangre y melodía
Hace de noche el día
Desatando la garganta.

Y fenece en ternuras
Amor, canto perdido
Para que el viento la lleve
Allí donde ella puede
Desabrigar el olvido.

Alcohol quemando por dentro
Caricia en la madrugada
Quiebra el destino mil veces
Ebria moneda de plata
En la sombra que ilumina
Una historia, no cantada…

Chavela sabe de penas
De penas sabe Chavela
En el último trago se va...
Pero sé, pero sé que no me deja.

Rita Mercedes Chio



Si tratan de comprender, de conocer en profundidad quien soy, cuales son mis ideales, mis inspiraciones, la manera con que miro la vida, no podría resumirlo en unas breves palabras. Puede que mi intento de "Arte" sea el camino que elegí para sobrevivir a un mundo hostil, que se ha empeñado en recordármelo a cada instante, mientras para muchos, la vida se desliza con una sonrisa y vestida en tonos pastel.

Entonces, no debo ser yo quien les diga como soy y puede que lo que aquí dejo, les explique pequeños fragmentos de mi alma. No todos son en blanco y negro, algunos están llenos de luz, los hay estridentes, grises, níveos, y muchas veces esos matices, tienen sonidos, aromas, risas, llanto, penas y alegrías.

Sí, soy ecléctica. Sí me gusta transgredir, compadecerme, apiadarme de la muerte, festejar la niebla, la lluvia, lo que el espejo me devuelve, lo que perdí, lo que tengo, todo aquello que deja marcas y aprendizaje. Le pongo el cuerpo a la vida, no me importa lo que opinen de mí, me siento libre y en armonía con migo misma. Lo demás nunca se sabrá si es verdad o mentira, como el arte mismo...FANTASÍA PURA.

Quien recorre el camino de "Crear", siempre está dispuesto a hablar con Dios.

Rita Mercedes Chio

Hasta que te olvide



Sin ti, otros besos
saben a poco.
Me entrego a brazos desconocidos
y en ellos muerdo tu nombre.

El espejo abraza
la desnudez y la lujuria
que no puedo contener.
Los vestigios
de aquellas horas
de humedades y fluidos,
se atesoran con marca registrada,
sobre el delicado médano sedoso
donde florece mi pubis.

Sin ti...Un lirio rojo,
va perdiendo sus matices
entre mis finos dedos.
Y a pesar de todo,
dejo que broten ardientes letras
en honor a tu ausencia,
hasta que te olvide.
Solo hasta que te olvide!






Rita Mercedes Chio

Incesto - Prosa



Como la vida y la muerte, el amor y el odio. Hermanos que se validan el uno al otro.

Hijos de Dios todos…Los sentires, los humanos, la carne, el alma, los vientos, la nieve, la flor que amanece entre tus besos. El llanto del hambre, los cristales conteniendo el champagne de una promesa, el orgasmo de los jazmines de tu jardín, preñado de aromas inalcanzables.

La desnudez de la fuente, que chorrea sonidos de manantiales, como mis propias venas, abiertas de amor ante una simple mirada en el espejo de tus ojos.

Amaos los unos a los otros! Pero cuantas veces he muerto en las cruzadas que enarbolaban cruces humanas, sedientas de almas diferentes?

Amaos los unos a los otros! por siglos en mis oídos. Hasta que el ronquido de la metralla, despertó con una mera orden y ahora, quién despierta los muertos de amor, de terror, de locura o de fe?
Amo y odio.

Ambos sentimientos se entrelazan en una erótica danza que usa mi cuerpo como escenario. A veces, a sala llena, otras, solo para mi.
Y tu…y tu siempre dispuesto a compartir el ADN del placer entre mis brazos. Ramas que se abren como cuando las azota la furia de una tormenta de pecados. Hombre, mujer, hijos del Padre, con permiso para gozar, sufrir y volver a gozar.

Y la rosa se enamora de otra rosa, los lirios se buscan entre sí... Será porque no tienen que parir desengaños?
Como la vida y la muerte, juntas de la mano, hermanadas, las penas que nos regalamos a diario, vuelven a besarse en secreto, como en un cotidiano incesto.





Rita Mercedes Chio
D. Reservados

"Placer y temor" - Síndrome de Estocolmo - Relato




PLACER Y TEMOR

SÍNDROME DE ESTOCOLMO?
(Psicología y espanto)



A veces siento miedo de mí. Un temor que se asoma en sueños, lleno de persecuciones, palabras que no entiendo, idiomas desconocidos para mis oídos.
Corro por un campo algo desierto y ni siquiera tengo donde esconderme. Una pesadilla recurrente que deviene de épocas remotas, inclusive, que yo no viví.

Como en la novela de Jerzei Kosinski, "El pájaro pintado", soy la niña de la Polonia Oriental, que no tiene raza ni religión definida, se camufla para no ser reconocida y tratar de sobrevivir a duras penas, en la segunda guerra mundial. Es ahí donde la memoria de mi cuerpo, resucita algunas manos sedientas recorriendo mis pequeños pechos, bocas hambrientas, prendidas en la fragilidad de mi cuello. Suena horrible, tal como cuando leí el libro y lloré ante aquella historia algo biográfica, que Jerzei luego desmintiera.

La pesadilla me ahoga, empapa mis sábanas, moja mi cabello, agita mi respiración y aunque sé que estoy soñando, no deseo despertar...Un extraño placer se adueña de la víctima, de la niña, de mi presente.

Gozo con el costo de la supervivencia, los ojos que se clavan en mis rosados senos, el sonido de las armas que caen al suelo y el gemido de un soldado sobre mis labios.

Mi vida en sus manos, sus manos tan asustadas como mi respiración. Pongo resistencia y luego comprendo que ambos estamos tratando de sobrevivir. Me entrego al furioso placer que aromatiza la gramilla de mi pelo, me siento adulta y hasta le pido más, mucho más...Luego, la culpa y despierto con el pecho húmedo, ardiente, satisfecha.





Rita Mercedes Chio
Derechos reservados

Los espacios vacíos



Dulce terciopelo el vino
El jazmín besando la ventana
La fina llovizna del silencio
El prolijo desorden de la cama.


La miel del amanecer, agria
Acerca pasos desconocidos
Sin conciencia ni intenciones
En la amplitud generosa,
De mis espacios vacíos.


Huye el calor de mi boca
Buril que modela a ciegas
Un corazón desvelado, amarrado,
A verdades que siempre niega.


Y mi cabello casi blanco
Telarañas de oro y seda
Prometen al viento un olvido
Olvido, que nunca llega…


En un rincón tu sonrisa
O lo que ha quedado de ella
Y en el otro extremo del abismo
Mi copa, ebria de amor
Brinda con la última estrella.


Dulce terciopelo el vino
Temblando en mis manos viejas…






Rita Mercedes Chio
Argentina

Pena de amor - Tributo a Sor Juana Inés de la Cruz

  


De los austeros recuerdos
Que vuestros ojos han dejado
Recojo mieles y silencios,
Tinta sepia de los vados.

Amor de oraciones engarzadas
Como perlas de un Rosario
Gotas de un grifo entreabierto
Mi sangre drena en pecado.

Cerrad la puerta con llave
Ya nada queda en mis manos
Vuestras sedas, como aves
Vuelan por goces mundanos.

Apenas un sol enrejado
Tímido amanecer que florece
El lado más oscuro de mi alma
Acaricia y se estremece.

Canto del pájaro herido
En la cruz del campanario
Habéis roto mis cristales
Habéis tejido mi sudario.

Vosotros que comprendéis
Mi ausencia y cielo nublado,
Decidle que no la olvido
Decidle que aun la amo.






Rita Mercedes Chio
Argentina







La novia y las luciérnagas



Se siente agradable la delicadeza con que, las manos de mi madre, desliza el blanco vestido de boda, desde mis pies hasta mis pequeños pechos. Revive cada volado en cada uno de sus pliegues, acaricia la seda con ademanes descendentes y suspira. No siento que ciña mi cintura como en días anteriores, es más, el cierre relámpago emitió un breve sonido, como cuando abrimos un pequeño bolso de mano.

Demasiado silencio en este anochecer de enero, escasa luz en el interior del recinto y la única ventana de mi habitación, abierta de par en par al paisaje oscuro de la campiña. Allí a lo lejos, las primeras luciérnagas por arriba y por debajo de un rosado horizonte, labios de un día que acaban callando melodías cotidianas, sonidos de vida y aroma a jardines recién regados.

La lamparilla del techo, más amarilla que nunca, no deja lucir la blancura de las sedas, los encajes bordados, las perlas diminutas del rosario que acaban de poner entre mis dedos. Nadie parece feliz. Nadie entra a ver la novia en su momento más esperado. Desde una lejanía sórdida, el murmullo de cajas con fósforos, raspando la noche, buscando pabilos vírgenes, agigantan las sombras en las húmedas paredes y las hacen danzar entre humo y el olor penetrante de la cera. Han quitado el espejo…han quitado las viejas muñecas, la cajita de música y el caballo de madera donde cabalgaba la infancia. Se inclina mi madre y viste mis pies con una ternura desgarrante.

Ingresan dos señores de traje negro, serios, solemnes y hacen adustas señas para desalojar el espacio. Toman a mi madre por los hombros, ella se resiste, la trasladan hablándole al oído y veo su brazo extendido hacia mí, desapareciendo entre otros brazos, caricias extrañas, rostros amargos.

Las luciérnagas, ahora más brillantes que nunca y la última mariposa de la noche, se acercan a ver como ocultan mi elegancia debajo de finas mortajas, flores silvestres, la luz ocre de los candelabros y el hedor inconfundible de los crisantemos ajados y sedientos sobre mi pecho delgado. Tengo los ojos cerrados…El agua bendita moja mi frente, pasea por mis pestañas y cae hasta mi cuello, en forma de lágrimas. Sé que estoy bonita. Bonita para siempre…

Tierra fecunda



De aquellos otoños
Humo de invierno
La mejor rosa
Sobre la loza
De mis infiernos.

En mi tierra fecunda
Castillos y retoños
Tu boca amarrada
Loca, descontrolada
La rosa de otoño.

Encajes que caen
Tibia vergüenza
Perlas voladoras
En la dulce hora
De tu presencia

Danza de caderas
Sedas y marfiles
Huracanes de pudor
Palabras con amor
Gemidos sutiles.

En mi tierra fecunda
Narciso enclavado
Cuenco dispuesto
Suave y abierto
Valle enamorado.

Melodía del cosmos
Un grito final
Estrellas que chocan
En el boca a boca
Pecado terrenal.

En mi tierra fecunda
Surco de mujer
Cántaro, vertiente
Aguas ardientes
Primavera y placer.





Rita Mercedes Chio
Argentina








Después del amor



Después del amor,
un coro de ángeles
que enmudece y se eleva
dejando pequeñas plumas
en la estrechez de
una mesita de noche.


Junto a mis prendas esparcidas,
apenas un solo rastro
de tu presencia sepia, lavanda,
cigarrillos a medio fumar,
cicatrices de gladiadores
sobre la seda de un lecho
que huele a vainilla.


No es desamor…son crisálidas
petrificadas negándose a nacer.
La sonrisa del miedo,
la respuesta inconclusa
de una respuesta que nadie hizo.


Después del amor,
el canto del agua
sobre cada partícula
cayendo por los desagües,
mi sudor y tu miel.


Sábanas mojadas,
una canción que se repite
en la grabadora,
la lluvia interna
de este otoño de primavera
y una rosa desvanecida,
entre las hojas del libro
que nunca leímos.


Después del amor…
Un orgasmo
en mis pensamientos,
el la inocencia de la luna
jugando con las sombras
de amarillentas puntillas.
en la sonrisa de tu retrato,
en el antiguo puente
que une una promesa
sin sentido y mil olvidos de pie.




Rita Mercedes Chio
D. Reservados

"TRISTÁN"




La pólvora recorre los valles
La muerte va dibujando lápidas
Donde yacen amores salvajes
Caricias breves, eternizadas.

Huelo como huele un leño
Lloro como llora la cascada
Para ser mi único dueño
Buenas flechas y fuertes armas.

Y en el licor de sus suaves besos
Que sí lograron embriagarme
Se ahoga la flor más agreste
Que alguna vez, pudo amarme

Peregrinando en mi corazón
La soledad baja desde la montaña
No entiende de leyes ni razón
O la mera promesa de un mañana.

Busco el oso salvaje de mi alma
Para amarlo y perdonarle la vida
Acariciar la terqueza de sus garras
Lamer sus soles y heridas.

( Tristán fue muerto por un oso salvaje en el año 1967)



Rita Mercedes Chio

Recurso de poeta



Esquivo la mirada vacía
el ritmo caótico de palabras
que surcan el espacio frágil
de tanta soledad encubierta.


Esquivo los oscuros recuerdos
que insisten en modelar
la pequeña dicha cotidiana
de los amantes diurnos,
soñadores compulsivos
poetas de tinta roja
barcas encalladas
en la febril memoria
de amores y desencuentros.


Esquivo la tortura de callar
el grito que emerge
cuando de tu cuerpo,
mariposas azules,
confiesan gozosas
beber de mis mieles.


…………Placer de un solo día…
poemas para siempre………….



Rita Mercedes Chio

Mujer silvestre



Almendras en la campiña de tu cara
Que miran y no ven, azules desvelos
Se esconden esquivas en el tibio velo
De nácar y azúcar, de suaves pestañas.


Amor de atardeceres, miel de los cerezos
El río en su cauce, ave en pleno vuelo
Qué dirán las rosas bordadas en tu pelo
Si el río te toca, como antes, mis besos.


Trigal de tu cuerpo, ondulada cadera
Se mese, germina, florece y despierta
Mi sangre se activa, caliente y alerta
En la tierna espiga de tu primavera.


Y queda roto, un corazón enamorado
Sobre la arena seca de mi playa vacía
Te alejas silente, de esta pena mía
Almendras tus ojos, promesas de barro.





Rita Mercedes Chio